Saltar al contenido
Familia Jaramillo

Zamacuco

Carlos Jaramillo Martínez

Carlos Jaramillo Martínez nació en Azogues, la pequeña capital de la provincia del Cañar, al sur del Ecuador. Todo lo que escribe y todo lo que pinta lo firma como Zamacuco.

Cuando la Editorial La Oveja Negra publicó Ahora le toca al pueblo en Bogotá, en 1988, sus editores admitieron en la primera página que no sabían quién era: decían que detrás del seudónimo se adivinaba un carácter, una filosofía y una manera de mirar su tierra, y que era ecuatoriano y latinoamericano. El misterio era parte del asunto.

Los comienzos

A los dieciocho años publicó poemas en el diario Últimas Noticias, que aceptaba colaboraciones de poetas noveles, y en dos revistas de aquellos años: Pucuna, la de los tzántzicos —los «reductores de cabezas» de la poesía ecuatoriana— y La bufanda del sol, que hacían estudiantes de la Universidad Católica de Quito.

De esa época son su primer libro de cuentos, El sobretodo de los pájaros, que dedicó a sus padres «con inmenso amor y respeto», y su primer libro de teatro, Las pantuflas del obispo.

El novelista

Vinieron después las novelas. Ahora le toca al pueblo no es del todo una novela: él mismo la sitúa a medio camino entre la novela y el documento. Es una crónica en primera persona del Ecuador de 1987, contada desde el interior de la campaña de la que tomó prestado el título. En sus páginas aparecen su mujer, sus hijos y la casa de Cumbayá adonde la familia se había mudado quince años antes, huyendo de la ciudad.

Luego Agualongo: utopía y realidad (Abya-Yala, 1997) y Martín; y ya en este siglo J. A. Cisneros y Tres lirios de agua, que publicó la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión en 2015.

El dramaturgo

El teatro es donde más ha escrito. Ricardo Descalzi, en su Historia Crítica del Teatro Ecuatoriano, destacó la originalidad de El Alguacil, tanto por su decorado como por su argumento, y la crítica sorda a la sociedad que corre por debajo de la trama; la calificó como un ejemplo de anti teatro, deshumanizado y escueto, hecho con una técnica nueva. El director teatral José Ignacio Donoso lo ubica en el teatro del absurdo: el absurdo de lo cotidiano, el de los trámites, los formularios y los procedimientos. Y Antonio Ordóñez, profesor de la Escuela de Teatro de la Universidad Central, le agradeció en nombre de los teatristas haber ayudado a que el teatro ecuatoriano se abriera camino.

Banda de Pueblo (Abya-Yala, 1999) recrea la obra de José de la Cuadra. ¡No pongas flores sobre mi tumba!, de 2007, reúne cinco piezas en un acto y tres monólogos, todos sobre el amor traicionado y la muerte. Y De los dioses y los héroes lleva sus tramas a la Grecia arcaica, al Egipto anterior a los faraones, a Capadocia y al Cercano Oriente.

El pintor

En 2015, entre enero y marzo, pintó una serie de acrílicos sobre tela, casi todos de 34,5 por 34,5 centímetros. No reprodujo paisajes lejanos: mostró lo que tenía a su lado. La pileta del parque de Cumbayá, el portón de la iglesia del pueblo, la entrada lateral de su propia casa, el departamento de su hija Mónica, los vendedores ambulantes de Tumbaco, etc.

Sus textos son de distribución gratuita

En sus libros dejó escrito que sus textos son de distribución gratuita y que renuncia expresamente a sus derechos de autor. Por eso están todos aquí, para leerlos y descargarlos sin pedirle permiso a nadie. Se han reproducido sobre todo en España y en Centroamérica.

Estos datos salen de su propia hoja de vida, publicada en la revista Stichomythia de la Universidad de Valencia en 2009, y de las portadillas de sus libros.